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Bitácora I: El despegue forzado

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 “Hay un hombre de las estrellas esperando en el cielo, le gustaría venir a visitarnos” , David Bowie 

Zukunft: Los días que aún no llegan

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Veo con ojos cristalinos lo distante que luce el otoño precisamente hoy, en pleno invierno, justo ahora que estiro el brazo esperando siquiera llegar a junio. Con la mirada dispersa pero el corazón tranquilo, fijo en la cabeza el norte, vislumbro todas las posibilidades que la vida pone en el camino y, sucede de nuevo, como otras veces: siempre elijo vivir en el peor escenario posible, en donde todas las calamidades ocurren, aunque de forma extraña, en todas ellas sobrevivo para ver de nuevo cómo el ciclo se repite.

Presente: La única estación

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Todo lo de ayer y el día anterior a eso, me tiene acá, sentado, contemplando el vacío espacial que pinta en los ojos tantas posibilidades como granos de arena en una playa.

Pasado: El tren de los días distantes

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A menudo suelo pensar en que el tiempo no forma parte de uno. No es algo tangible, sino más bien una percepción; algo que gravita sobre nosotros, una atmósfera que nos envuelve.

Omega: El fin no es lo que parece

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Se activan los músculos de los párpados y con cada apertura y cierre, un fotograma se dibuja sobre la retina y cubre igualmente la pupila. 

Alpha y la nostalgia del vacío

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Clarea el día, o quizás la tarde, no sabes. En ese vacío espacial y temporal donde habitas, la quietud es algo no medible, es algo que tocas, pero que ignoras.

Misterios Vol. II: Lo que no entendemos de lo cotidiano

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¿Qué ha sido de lo que solíamos conocer y, de pronto, como por arte de magia, se fue? ¿Qué habrá pasado con la fantasía en la que creíamos cuando niños y, que con el paso de los años, dejó de ser tan fantástica como la recordábamos? ¿Cómo viajaban los Reyes Magos por todo el mundo sin un jet supersónico? ¿Podía Jesús manipular el agua a su antojo o sólo la tornaba en buen vino? Es un misterio lo que ocurre con nuestros recuerdos, con aquello que creímos ver y vivir y que, hoy, pareciera que jamás existió. 

Misterios Vol. I: Ojos que no ven...

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“Todo lo desconocido se supone maravilloso”: Tácito A veces, cuanto más llegamos a saber (como individuos o sociedad), más llegamos a ignorar. No porque el conocimiento sea perjudicial sino, por el hecho de que perdemos de vista lo que a todas luces se nos muestra o revela. 

Entre el otoño y el verano

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 He fijado la vista en quien tengo frente a mí. Recorro con la mirada ese camino rugoso que se extiende por la piel del rostro, de las manos, del cuello… Cada línea más prolongada que la anterior, cada arruga más profunda que la de al lado, cada huella portadora de una historia más intensa que la que se contó ayer o antier.

La maldición de extrañar

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¿Qué somos? Bien podría decir que apenas un saco de huesos, compendio de millones de células, recipiente sanguíneo, central nerviosa que evoluciona... ¡qué se yo! No soy experto en anatomía, sé apenas lo que recuerdo de mis lecciones de Ciencias Naturales y un poquito más por lo investigado en libros y más recientemente, en internet.    ¿Qué somos? ¿Cómo sabemos que eso que creemos ser, es en efecto lo que somos? Demasiado enredo buscando respuesta a algo simple, pues al final del día, tú y yo somos aquello que hemos acumulado con el paso de los años, como cuando sumamos libros al estante y vamos dejando que el polvo les cubra con una capa gruesa que impide que las yemas se acerquen a tomarlos. Somos los recuerdos de otros almacenados en nuestra cabeza, somos piezas de memorias que van quedando luego de alegrías, glorias, tristezas y desencuentros. Creo que, de cierta manera, somos lo que permitimos que llegue a nuestro ser y, a la vez, lo que sembramos en terceros. Esas memor...

Un error en la matrix. Vol. II

 En la cabeza se aloja un eco, uno pesado, amplio en su onda... "No había nadie aquí". Y ese "nadie" se prolonga como si la duración de la palabra cobrara vida y quisiera gritar que, efectivamente, la sola expresión congeló los latidos por un momento. ¿Qué hago ahora? Lo que alguien con un poco de cordura haría: tragar saliva, abrazar con firmeza las cosas ya recogidas y bajar las escaleras, eso sí, con las luces bien encendidas. Abajo, a unos metros de la puerta principal, cigarros y risas cuidan de la fortaleza de Goldsmith, se despiden y ahora sí puedo constatar que si yo les dejo atrás, ahí mismo seguirán y no habrá otra sorpresa poco grata como la que minutos antes me llevé. Cierro la puerta, camino la larga y poco iluminada calle y llego hasta el cruce con Homero. Sólo estando ahí me vuelvo a sentir seguro, es hasta ese punto cuando el eco deja de retumbar y las manos recobran la calidez que se supone, deben tener. Avanzo. Horacio nocturno Unas cuantas cuadras...

Un error en la matrix. Vol. I

 ¿El día? Puede ser cualquiera, digamos que en esta ocasión el calendario marcaba un martes. La tarde era tibia, sin muchos reflectores más allá de la interesante rutina y el desayuno de reyes que incluyó chilaquiles, porque puedes olvidar el día, pero nunca unos buenos chilaquiles.

El miedo a crecer

 A medida que un nuevo año se aproxima, los temores por lo que traiga consigo este ciclo solar, se vuelven mayores a las esperanzas o emociones que existen en el pensamiento. Las noches se tornan más largas y, a la vez, parece que el tiempo tiene una duración muy distinta a la del resto de los relojes que nos rodean. "Tic-tac, tic-tac", hacen las manecillas en su inclemente avanzada y, muy de madrugada, la cabeza se mantiene a mil revoluciones creando escenarios en donde, en el mejor de los casos, lo que sea que llegue junto con los treinta no dejará secuelas para cuando la edad alcance los 40. Enseñándole al gallo a madrugar Clarea el día y uno ya está bien despierto para ese punto. Ya escuchó las alarmas de los vecinos, el canto de las aves y el despertar de una ciudad que, hoy, se ha levantado después de que nuestros ojos se abrieran. Hoy igual que ayer y justo como sucedió los días previos, vencimos al despertador en la carrera por un nuevo día. Resulta que a medida que u...

La tarea de un velador

 Con el paso inclemente del invierno sobre mi cabeza, síntomas de resfriado aparecieron en mi cuerpo y, mientras rodaba y rodaba sobre la cama, me despertó una suerte de pesadilla, similar a las que toda la semana me habían acompañado. Agitado pues, por los aparentes estragos causados por una leve fiebre, como pude me senté en la cama y con la habitación a oscuras busqué encender mi lámpara. Se hizo la luz. Con la respiración un poco más tranquila, noté que la cabeza daba vueltas y vueltas, como queriendo desprenderse del cuello para escapar hacia un mejor lugar, siempre sin resultados, claro está. Puse en orden mis ideas, limpié un poco la mirada y acomodé los lentes en mi cara, logrando aclarar la realidad que mis ojos sólo notan cuando los cristales mágicos hacen acto de presencia. Ese mal sueño retumbaba todavía en mi ser, sin embargo, al inspeccionar mi espacio, noté que todo lucía en orden: la televisión estaba en su lugar, la bandera rojinegra colgaba de la pared y el destel...

¡Qué chido está Pachuca!

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"Y si me pierdo, no me busques tan lejos, seguro estoy por ahí" Muchos creyeron que en 2012 sería "el fin del mundo" o algo similar. Sin embargo, en mi peculiar caso pareciera que ese año en realidad terminó por mutar la realidad de aquél momento, metamorfosis que se concretó en julio del 2013, cuando un temeroso muchacho salió de casa y llegó a lo que hoy, con mucho cariño, llama "hogar". Porque fue en 2012 cuando finalmente decidí el camino que habría de tomar en cuanto a la formación académica y, también, en cuanto al lugar que habría de acoger mis sueños y esperanzas: una ciudad que se jactaba de ser Bella y Airosa, tranquila y por lapsos árida, llena de tuzos en diversas madrigueras y de pastes en cada esquina de cada calle de cada colonia. Pero, eso es lo de menos, porque aquí estamos hablando de Pachuca. De cuán noble ha sido con el flacucho sujeto que deseaba ser periodista y ahora, sólo aspira a escribir hasta que sus manos se hagan v...

Reconociendo el Jardín.

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"Si me he de perder que me pierda por ti". Trato de guardar cada memoria suya en la mente, y esas imágenes nítidas me llevan en buena medida, a aquella fuente. Es en ese espacio en donde pareciera que las manecillas a veces caminan y por lapsos se duermen, y es justo ahí donde recae el peso de quien escribe notas en papel y abraza en las tardes frías. Es entonces, aquella fuente, el hogar de algunos recuerdos que ya no son míos sino nuestros, o suyos tal vez. Es en ese pequeño jardín donde la penumbra nunca nos alcanza porque su brillo es vasto y llena enteramente al mundo. Y no, no estoy exagerando. Los destellos de tan especiales ojos y la radiante sonrisa suya, inundan los colores conocidos y causan envidia al Sol y a la Luna misma. De vez en cuando aterriza cerca de nosotros un valiente colibrí, el pajarillo bate sus alas como si cada movimiento anunciara su alegría por verla en el jardín. Y si yo fuera un ave, seguramente agitaría las plumas también, porque l...

Crónicas de un Aspirante. Aniversario.

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"Gracias por hacer la rutina más llevadera; gracias por la compañía." Hace 365 días no me habría esperado estar en esta precisa posición, rodeado de muchas palabras diarias, de correcciones y revisiones, atrincherado entre kilos y kilos de periódico y los cotidianos cigarros rojos o "de Diva". Solemos festejar los cumpleaños, conmemorar a los caídos en jornadas especiales y hasta crear eventos anuales absurdos, pero, son pocas las veces en donde nos sentamos a pensar y plantear con certeza el camino, lo que nos mantuvo aquí y nos habrá de dar más razones para estar, para seguir. Los primeros pasos eran ciertamente intimidantes, no sólo por esas murallas amarillas que me rodeaban, sino por las portadas que colgaban de la pared, y que a diario me exigían la excelencia, y si no, algo muy cercano a ella. La rutina inicial se volvió aburrida apenas a los siete días, los sábados eran solitarios, me sentía mecanizado al prender la computadora, hacer ll...

Veinte Dieciocho. Vol. II

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Un cascabel en casa. "Lo conocí como un rayo de luz, partiendo el cielo en miradas de color azul". A medida que el invierno se marchaba, se renovaba también el calor en el hogar y cerca de los pies fríos pero, sobre todo, cerca del pecho rasgado y ligeramente herido. Otras renovaciones me han llegado en forma de borracheras memorables de las que recuerdo poco, incluso en forma de caricias carentes de ardor amoroso y más bien llenas de lujuria y simpleza; pero esta ocasión no, en febrero fue diferente todo. Esos vacíos tétricos y los desvelos lamentables, seguidos de las mañanas con las manos llenas de aceite y grasa de automotor, fueron soportables gracias a una visita que no fue planeada, pero que en definitiva sí era necesaria, no sólo para mí sino para quienes compartían las paredes amarillas conmigo. Un amiguito de pelaje suave apareció metido en una pequeña casita afelpada y con un costal de croquetas adjunto, dientitos apenas afilados se defendían y unas garrit...

Veinte Dieciocho. Vol. I

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El adiós que nunca llegó. "Es difícil decir que las cosas podrían ser mejores" En los oídos sonaban los acordes de una canción que creí era mía. Abrumado por los cerros verdes y el ladrido incesante de los perros estuve esperando por horas un saludo que jamás llegó, una caricia, un pétalo, una estrella; lo que fuere que me devolviera a aquellos muslos cálidos donde sentí confort y ante todo, amor.

Ficción siendo realidad.

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"Tu voz suena en las paredes, tus ojos se parecen a los míos..." La mirada se abre y algo va mal. Sientes que las costillas se rompen y entonces recuerdas que la noche antes estabas soñando con la vida que tienes y de la nada, ya has despertado y está la muerte frente a ti, en ti. Te sientas en una escalinata, te encojes y lloras y pides que vuelva quien se fue, y no entiendes cómo es que funciona el mundo; cómo son los designios divinos que con toda crueldad te hacen pasar por un trago nefasto. Recuerdas unas manos ásperas y con signos de vejez en ellas, recuerdas unos cabellos claros y una mirada de fatiga pero con el amor estallando en las pupilas. Y te aferras a que el soñador que ha despertado a la nueva vida, te abrace y te haga sentir en calma cuando tú por dentro ya estás roto hasta las arterias. Quieres que esté de nuevo, que se quede un rato más; que te lleve si es posible. Te aislas un rato y pasas los días y las noches extrañando a morir. Regresas a d...