Todo lo de ayer y el día anterior a eso, me tiene acá, sentado, contemplando el vacío espacial que pinta en los ojos tantas posibilidades como granos de arena en una playa.
A menudo suelo pensar en que el tiempo no forma parte de uno. No es algo tangible, sino más bien una percepción; algo que gravita sobre nosotros, una atmósfera que nos envuelve.
Clarea el día, o quizás la tarde, no sabes. En ese vacío espacial y temporal donde habitas, la quietud es algo no medible, es algo que tocas, pero que ignoras.