Noches con Panoramas Infinitos y Ratos Melancólicos. Vol. II
La Diosa no estaba, se había ido, o tal vez sí estaba pero se encontraba ausente. Dentro de lo vacío que me sentía, por lo menos era bueno saber que la Diosa y yo teníamos algo en común: parecíamos ausentes la misma noche. Ella de mí, y yo del resto del mundo. Mi noche era una tormenta de pensamientos disfrazada de la calma que los marineros sienten cuando pisan tierra luego de estar a la deriva. El pasado, el presente, el futuro; todo tenia lugar pero no forma, todo tenía color, textura y aromas pero, nada tenía lógica aparente. La cena era exquisita, el clima mantenía mis pies helados y de alguna manera sedaba mis dolores corporales pero avivaba los sensoriales, los que le competen a las memorias y los sentimientos. ¿Disfrutamos la vida o qué? ¿Cómo se disfruta la vida? ¿Qué se hace cuando la vida pasa lentamente a través de las costillas en una noche de verano fría? Apenas un puñado de preguntas y toda una baraja de respuestas posibles. Entre chistes malos en la ...